lunes, 6 de abril de 2009

La culpa es del hombre del tiempo...

Natalia era una chica normal, que vivía en una casa normal, de un barrio normal, en una ciudad normal. Tenía un trabajo normal, y vestía de una manera que no la hacía destacar. 
Una vez tuvo un novio normal. O relativamente normal. O total y absolutamente anormal. 
Estuvieron juntos 9 meses y un día. El último día, Natalia quiso saber por qué nunca le había dicho que la quería. Él le contestó que no le gustaba que siempre se esperaba del chico que lo dijera primero. Ella le dijo "te quiero" despacio, muy despacio; saboreando cada letra que latía su corazón. Y entonces Él dejó de ser Él para ser El cabrón. El muy cabrón le dijo que lo sentía, pero que le tenía demasiado cariño a su libertad, y que le resultaba imposible mantener una relación después de un Tequiero. La dejó. El cabrón se levantó de la mesa y se largó del italiano al que había llevado a cenar a Natalia. La dejó allí, sola. Con la comida fría y sin pagar. Con el corazón roto y sin solución. Con un miedo enorme que no dejaría nunca de hacerle compañía. 
Ella se levantó y pagó la pasta que tanto le gustaba y que nunca volvería a probar. Salió a la calle, dispuesta a andar hasta quedarse sin fuerzas, dispuesta a perderse igual que había perdido lo que más le importaba. Dispuesta a no parar hasta que acabara aquella tormenta que se mezclaba con sus lágrimas limpiándole la cara. Y todo por dos palabras... 

Tiempo después, Natalia tuvo otro novio. Y este sí era normal. Este la trataba bien, nunca la dejó sola cenando y nunca le dijo que echaba de menos la libertad. Pero un día, al salir del restaurante (chino, ahora), llovía como si no hubiera llovido desde la noche en la que se olvidó de El cabrón. Y allí estaban los dos, Natalia y El normal, corriendo bajo la lluvia hasta el portal de casa de ella. 
Cuando llegaron, empapados, Nat se sacudió el pelo. Y cualquiera que hubiera podido oír sus pensamientos habría sonreído sólo por la pura ironía de la situación. [Entre paréntesis los pensamientos, fuera las palabras que no se llevó la lluvia]
El normal: "(Qué guapa es)"
Natalia: "(Esta mierda de lluvia-arrastra-recuerdos me está dejando el pelo hecho un asco... )"
Y Natalia se sacude la cabeza como un perro, intentando desesperadamente hacer de su pelo una parte domable de su cuerpo... 
Él: "(Jaja, hasta cuando hace el tonto está preciosa)"
Nat: "(Puaj, esto no tiene remedio. Tendrá que quedarse así)"
Y Natalia levanta la mirada, buscando la de El normal. 
Él: "(Es preciosa. Sí. Es preciosa y me hace olvidar el resto del mundo. La quiero) Te quiero"
Y los ojos de Nat se quedaron fijos donde estaban, pero ahora sin ver nada. Oyó su propio Tequiero de hacía tanto tiempo, (aquel Tequiero que cambió la vida de ella), como un eco del Tequiero de El normal. Y se vio a sí misma echando a correr otra vez, otra vez debajo de aquel diluvio; se vio a sí misma huyendo del amor, huyendo de la felicidad. Y comprendió que nunca soportaría un Tequiero más bajo la lluvia. 
Sólo le dijo que lo sentía, que había sido casi completamente feliz cuando había estado con él, pero que no la llamara. Que no intentara buscarla, que hiciera como si no existiera más. Y que no podía darle explicaciones porque ni siquiera ella lo entendía. Dio media vuelta y subió a su casa, dejando a El normal en el portal, empapado, desconcertado y desesperado. Y ausente. Intentando buscar en su cabeza el momento en el que todo lo que iba bien había dejado de ir en esa dirección para ir en la contraria. 
Natalia llenó la bañera hasta que rebosó de agua. Se metió dentro, vestida, y hundiéndose en sus pensamientos al mismo ritmo que en el agua. Metió hasta la cabeza, pensando que quizá fuera mejor dejar que el agua matara su cuerpo igual que mataba su corazón. Pero Nat siempre había sido normal, y un suicidio no sería una muerte normal para una persona que quería seguir siendo normal. Normal normal normal normal normal. ¿Por qué la gente se empeñaba en ser normal, cuando lo interesante del mundo era la gente diferente? 
Abrió los ojos y la boca justo cuando su cara notaba el aire otra vez, justo a tiempo para respirar. Cerró el grifo que había dejado conscientemente abierto, y salió de la bañera. Se desnudó y empezó a secarse y a secarlo todo. 
Tiró aquella ropa y todas las toallas empapadas. Cambió de piso, de ciudad y de móvil. Dejó de ser Natalia-normal para ser Natalia-no-soporta-Tequieros-bajolalluvia. 

Tiempo después, Natalia tuvo otro novio. Y este ya no era normal. Tenía fobia al agua, como aquel personaje de su libro favorito, Los renglones torcidos de dios. Y se enamoró de él en cuanto se abrió lo suficiente para que le conociera. El hidrofóbico nunca nunca nunca salía de casa cuando había previsión de lluvia. De hecho, El hidrofóbico nunca se alejaba de casa tanto como para que, en caso de que pareciera que iba a llover, no le diera tiempo a volver antes de que empezara a hacerlo. 
A Natalia le gustaba todo esto. La mantenía tranquila y despreocupada. Pero, a veces, se ahogaba en tan poco espacio. Necesitaba ver un poquito de mundo más allá de su manzana. Y aquel sábado hacía tanto sol que derretía las pupilas. Nat y El hidrofóbico decidieron ir a comer a un parque que estaba a la escalofriante distancia de... ¡¡dos manzanas!! 
Se lo estaban pasando bien. Comiendo y disfrutando del calor que tanto les gustaba a los dos. Y, de repente y sin avisar, empezó a llover con más ganas y odio que nunca. Ni siquiera les dio tiempo a recoger la comida que les quedaba. Ni siquiera les dio tiempo a llegar al bar más cercano. Las calles ya estaban empapadas, no había más que charcos por todas partes. El hidrofóbico cayó al suelo convulsionando y sin poder llenar de aire sus pulmones. Y Nat se quedó allí, paralizada, oyendo cómo el pánico que le impedía respirar intentaba ser escupido en forma de un Tequierobajolalluvia. 

Fue la primera vez que Nat vio morir a alguien. 
Pero si es que el día había amanecido tan soleado como cualquier otro... 
¡La culpa es del hombre del tiempo! Son gafes. Y cuando dicen que va a hacer sol, acaba lloviendo. 


1 comentario:

Emecé dijo...

Curioso.....d todas formas, creo q todos somos normales dentro d loq cabe, yq la búsqda d ser diferentes es loq nos hace caer más en lo ordinario...